Sobre mi
Mi historia personal me enseñó lo que ninguna formación podría: que las mujeres no necesitamos solo ejercicio. Necesitamos sostén.

Mi camino
El proceso que me llevó
hasta donde estoy hoy
No llegué al yoga con una intención clara. Llegué porque no sabía qué hacer con mi vida. Sin un rumbo definido, encontré en el movimiento un primer lugar donde estar.
Al principio, como casi todas, creía que el yoga era las posturas. Que el cambio vendría del cuerpo hacia afuera.
«Más que enseñar, elijo acompañar.»
El descubrimiento
No fueron las posturas.
Fue la respiración
Con el tiempo y la práctica fui entendiendo algo que cambió todo: las posturas ayudan, sí. Pero lo que realmente me transformó fue la respiración y la meditación.
Ahí fue donde empecé a encontrarme. En el silencio de la meditación aprendí a darme el espacio de encontrarme con el dolor, con las emociones, sin huir de ellas.
A través de la respiración descubrí algo que hoy es el centro de mi trabajo: que se puede observar una emoción, un pensamiento, un ruido mental — y que la respiración tiene el poder de calmarlos.
Lo que lo cambió todo
Perdí a mi bebé
a los ocho meses
Hay experiencias que no se explican del todo. Esta es una de ellas.
Perder a mi bebé a los ocho meses de embarazo fue el momento más difícil de mi vida. Y fue también, con el tiempo, el que me llevó a entender desde adentro lo que significa transitar el cuerpo en el proceso de la maternidad.
No desde los libros. No desde la teoría. Desde el propio cuerpo, desde la propia respiración, desde la necesidad real de un espacio donde procesar lo que no tiene palabras.
La meditación y la respiración me acompañaron a integrar ese dolor. A sostenerme cuando nada más podía. Y eso — esa experiencia de ser sostenida por una práctica — es exactamente lo que hoy quiero darle a cada mujer que llega a mí.
La comprensión
El movimiento
mueve emociones
Entendí que el cuerpo no es solo físico. Que una postura no es solo una postura. Que el movimiento consciente tiene la capacidad de mover lo que está guardado: el miedo, la angustia, la incertidumbre que atraviesa cualquier proceso de maternidad.
La práctica me llevó a estados donde pude integrar lo que me había pasado. Y esa integración — ese proceso de habitar el propio cuerpo con consciencia — fue lo que me transformó en quien soy hoy.
«Comprendí que muchas mujeres no necesitan solo ejercicio.
Necesitan sostén. Un espacio donde habitar su cuerpo
sin exigencia y transitar cada etapa con mayor calma.»
La llegada
Así nació Movimiento
y Maternidad
Gracias a mi experiencia personal y a las mujeres que fueron llegando a mis prácticas, comprendí que mi pasión iba más allá de una clase. Estaba llamada a acompañar procesos.
Fui entendiendo la sensibilidad que atraviesa la búsqueda de un embarazo, la gestación y el posparto. La fragilidad real de esos momentos. La necesidad de un espacio que no juzgue, que no exija, que simplemente esté.
Movimiento y Maternidad nació desde ahí: de saber en el propio cuerpo lo que se necesita cuando se atraviesa un proceso de maternidad. Un espacio de acompañamiento corporal y emocional, con movimiento consciente, respiración y herramientas de regulación emocional — suave, respetuoso y adaptado a cada etapa y a cada mujer.
Mi enfoque no es la perfección del movimiento. Es la conexión con el propio cuerpo y el proceso que cada mujer está viviendo. Que cada encuentro sea un espacio seguro donde puedas sentirte acompañada, sostenida y escuchada.

Cómo trabajo
Tres pilares que
sostienen cada encuentro
01
Movimiento consciente
Prácticas suaves y adaptadas a tu etapa. No busco la perfección, sino la conexión con tu cuerpo y el proceso que estás viviendo.
02
Respiración como herramienta
La respiración como eje central. Para calmar emociones, observar pensamientos, conectar con tu bebé y prepararte para el parto.
03
Regulación emocional
Herramientas concretas para transitar la búsqueda, la gestación y el posparto con mayor presencia, calma y amorosidad.